El Dr. Luis Arocha Mariño participa en la séptima Convención Mundial sobre Mediación / Foto: Julio Osorio

Por Faitha Nahmens
“Curioso es lo que soy, un curioso irremediable”. Con ese background e imantado por las honduras de la mente humana, tras ponerle la lupa a ese órgano vital que le tomó en hacer a la naturaleza 4 mil años de esfuerzo, el cerebro –“lo que uno es, es su cerebro, estamos aquí, en la cabeza”- Luis Arocha Mariño se dedicó a lo que es desde hace treinta años: psiquiatra. Hoy, quien ha trabajado tanto con las técnicas del psicoanálisis como con las del conductismo y a ambas le ha encontrado la gracia, quien es profesor en la Central y quien es el creador del Neurocodex –neurocodificación de la experiencia humana- es aplaudido en la séptima convención mundial sobre mediación que se celebrará hasta el 29 de noviembre en el hotel Laguna Mar de Margarita.Con su ponencia -40 minutos sobre cómo interpretar, repotenciar, emancipar la mente para vivir mejor- intenta jalonar a todo el que lo quiera oír, ojalá todo el mundo, a las orillas de la paz y de la felicidad. Que suene utópico no significa que lo sea. A los 60 no le teme a soñar y menos a buscar que los demás despierten.
- Tras centurias de conflictos entre países, comunidades y familias, que tal es la historia de la humanidad ¿apenas suman siete los congresos celebrados en el mundo sobre el tópico de la mediación?
- En efecto, y es aún más significativo que se produzca en el país, precisamente cuando vivimos un proceso intenso de conflictividad política, cuando en el país se habla de bandos… Pero es que donde hay personas hay conflictos y, más interesante todavía: siempre se puede llegar a un acuerdo. Que no es ceder. Es aportar, construir.
- ¿Ha intentado mediar en casa?
- La mediación, aunque parezca sorprendente, es una ciencia, por así decirlo, nueva en el sentido amplio, que es el que me compete. Históricamente eran los abogados quienes estaban a cargo. Los políticos e internacionalistas también han arrimado el hombro. Ahora, y he aquí la novedad, se considera que es importante el concurso de profesionales de todas las áreas para dirimir aprietos. Los docentes, por ejemplo, aprenden técnicas para estimular a los involucrados en un litigio dentro de su campo, dos estudiantes metidos en un lío, por ejemplo, son apoyados para que respondan civilizadamente y a favor no de uno o de otro, al menos en principio, y dependiendo de la situación, sino de la paz.

"Todo está en la mente", confirma Luis Arocha / Foto: Julio Osorio
- Un psiquiatra podría detectar en la escena al que tiene más cancha y argumentación pero acaso menos razones, o al débil que está en lo justo, o incluso puede sentirse tentado a manipular…
- La idea es ser testigo de un trabajo que no hacemos porque no nos corresponde, somos los facilitadores, los que sugerimos o aupamos, o indicamos un camino que deben descubrir las partes. Pero lo que sí es verdad es que podemos ver lo que probablemente no vean, acaso, los juristas.
- Los prejuicios, la carga emocional, el resentimiento.
- Ajá. Por lo general no sólo se dirime un asunto en particular, o no sólo es lo que está en juego: en todo conflicto subyacen o salen a flote condicionamientos culturales, atavismos, miedos, creencias a las que estamos aferrados. Variables que cada quien como individuo puede descubrir y modificar. La evolución de la humanidad depende de la conciencia de progreso de cada uno de nosotros, es una tarea educativa prácticamente titánica pero insoslayable. La solidaridad y la armonía son valores que tienes que fabricar igual que fabricas un avión, un zapato o un chicle.
- ¿Algún problema si todo esto suena a autoayuda o a Conny Méndez?
- No, todo esfuerzo puede conectarse con el proyecto de Neurocodex, cuyo fundamento científico es la base de mi tesis. La vida es un proceso continuo de desarrollo y Neurocodex se vincula con ella desde sus más de 50 modelos de acción. La vida es un tejido cuya salud y tramado hay que cuidar. Y todo está en la mente.
- ¿Los sentimientos también? ¿Son impulsos químicos?
- Nos movemos y somos por nuestros pensamientos, emociones, sentimientos y acciones, casi siempre en desacuerdo unos de otras. Lo importante es conocerse. Tener claro por qué procedemos de tal o cual manera y entender al otro es un paso hacia al consenso, en torno al interés común, que es ya una contribución a la convivencia. Nuestro trabajo consiste en simplificar lo más complejo del universo: el funcionamiento positivo, creativo y evolutivo del cerebro humano, tanto en lo personal como en los encuentros grupales y sociales. Vamos a forzar una evolución armónica, pacífica y feliz de nuestra especie.
- ¿Modelan usted y su equipo los sentimientos del paciente o lo hace cada quien?
- Es un trabajo individual el desarrollo, como dije, y uno aproxima una guiatura desde la ética, por supuesto. Por ejemplo un sentimiento de fascinación puede mover el apoyo más incondicional de un grupo humano a un líder político a tal punto que todos y cada uno de los argumentos que expliquen su ejercicio sean favorables. Se convierten los razonamientos en mero discurso de apoyo. Pero no más se desvanece el sentir y el afecto, que cambia las percepciones, las tesis son libres, independientes y pueden volverse contrarias, de oposición.
- ¿Eso podría ocurrir con Chávez?
- Eso podría ocurrir en la mayoría de los conflictos, hasta con el históricamente más profundo de la humanidad, el árabe israelí.
- Hablará ante un público afanado y nutrido: la delegación de más de 140 países invitados. ¿Habrá consenso?
- Estoy seguro de que sí, es la intención primordial.
- ¿Y miedo escénico?
- Lo sufrí hace mucho tiempo atrás, pero lo superé absolutamente. Sí, claro, con mis propias técnicas.
Casado con Laura Angelina Montilla, colega y las otras dos manos con las que ha levantado su proyecto, desde su consultorio en Colinas de Bello Monte –decorado con óleos con su rúbrica- Arocha sonríe arrellanado en un punto interno en el que entre el laberinto de informaciones y procesos y hallazgos está disponible y a la vista su Meca de paz.

