Venezuela vive tiempos de renovación, y el devenir depende de nuestras acciones
Muchos vemos los toros desde la barrera. Somos, creo yo, más los que sentimos que no tenemos representación política, ni en el gobierno, ni en la oposición. No obstante henos aquí, en esta encrucijada moral: abandonar de un todo nuestras responsabilidades civiles y políticas, o militar, como diría Noel Álvarez, en cuanta plataforma ciudadana se pueda, con la finalidad de recuperar y/o defender espacios. Me confieso adepto a la militancia, en el sentido expuesto por el Sr. Alvarez, pero ello conlleva una serie de problemas prácticos. A saber: los partidos políticos que existen en el país, no exhiben, ninguno de ellos, una actitud que promueva la competencia a nivel interno. En el PSUV se hace lo que dice el caudillo, y nada mas. Los dizque líderes de ese partido son nombrados a dedo, por tanto en el hipotético caso que uno deseara militar en esa plataforma y tratar de hacer valer sus derechos constitucionales a través de la participación política, de no contar con el apoyo del dictador seria tarea imposible. Para contar con la venia presidencial, hay que abandonar de forma absoluta el ejercicio del libre albedrío y el cuestionamiento del accionar del estado. Aun cuando un Pedro Perez cualquiera pudiera estar de acuerdo con algunas de las políticas sociales de Chavez, ¿qué posibilidades existen de que ascendiera en los rangos partidistas si expresase públicamente su repudio, por ejemplo, a la presencia de Ramiro Valdés?
Pero, ¿y qué decir de Alianza Bravo Pueblo, COPEI, la Causa R, Un Nuevo Tiempo, AD, Primero Justicia, PPT, etc.? ¿Existen acaso en esos partidos las condiciones como para que Pedro Perez, quien siente vocación política y quiere sumarse a la causa democrática, escale posiciones por esfuerzo propio? La respuesta, en mi opinión, es negativa. El liderazgo actual de todos los partidos políticos de Venezuela, sin excepción, no es sino un micro cosmos de la sociedad. Venezuela sigue siendo la tierra del caudillo, y en ella la pluralidad tiene cabida siempre que esté supeditada a los designios personales de los caudillos. En este sentido, recuerdo una discusión con Cesar Morillo, quien fue en el pasado encargado de comunicaciones del comando de campaña de Manuel Rosales. Ante mi crítica sobre cuan errada fue la estrategia comunicacional expuesta en rueda de prensa para anunciar el plan de tarjeta Mi Negra, Morillo me respondió, con la mayor naturalidad, “esa estrategia la aprobó el candidato y lo que Usted piense no tiene ninguna importancia.”
Pude constatar esa misma actitud, que no puede considerarse sino genuflexa, en prácticamente todos los miembros del circulo de colaboradores mas cercanos del entonces candidato Manuel Rosales. Algunos dirán, “eso es típico de los maracuchos.” Y responderé pidiendo citen algunos ejemplos donde un recién llegado, como era mi caso, que es al tiempo ciudadano, representa un voto tan válido como el que más, y sufre las consecuencias de las acciones de los líderes políticos, haya logrado cambiar posturas partidistas. Eso no se ve, ni en el PSUV, ni en Primero Justicia, ni entre el cogollo maracucho, ni en el chavista.
Ese es el dilema ciudadano. El movimiento estudiantil ha logrado una posición de relevancia precisamente porque ha comprendido la importancia de mantenerse al margen de las estructuras políticas establecidas. Tienen fuerza porque poseen una fuente constante de gente nueva, porque el liderazgo del mismo es efímero, porque funcionan en base a una estructura horizontal, que es la antítesis de aquella piramidal, jerárquica y obsoleta que define a todos los partidos políticos, tanto oficialistas como de oposición. Es por ello que traen al caudillo de cabeza, y, de igual forma, el motivo por el cual los líderes de oposición desean arropar, adoptar, y asumir a los emergentes líderes estudiantes en su seno, para ganar favores con escapulario ajeno. El movimiento estudiantil es como internet: libre, cambiante, fresco, irreverente, donde se imponen las mejores ideas, expresadas sucinta y coherentemente por los mejores expositores. Los partidos políticos, en cambio, son como la prensa: rígida, con lineas definidas, sorda a nuevas voces, nepotista, tiránica.
Retornando a las consideraciones prácticas, los ciudadanos que no pertenecemos a ningún partido y nos sentimos identificados con el accionar del movimiento estudiantil, debemos empeñarnos en militar en estructuras similares, donde las ideas se impongan a cualquier consideración personalista. El tiempo del caudillo, si éste no tiene el intelecto muy bien amoblado, debe llegar a su fin natural. Éranse una vez en Venezuela, un movimiento estudiantil que produjo no solo la caída del antepenúltimo dictador, sino los partidos políticos que tumbaron al penúltimo, así como los líderes políticos que forjaron la democracia y gobernaron por 40 años. Cuando estos le dieron la espalda al pueblo, cuando el liderazgo se tornó ciego y sordo, arribó del pasado un Frankestein, como recordatorio de lo que puede esperarse del caudillismo, sea cual fuere su tendencia. Venezuela vive tiempos de renovación, y el devenir depende de nuestras acciones. Los líderes que no entiendan eso, no merecen posiciones de liderazgo, en ningún lado del espectro político.

