¿Cuál libre albedrío?

La ciencia comienza a confirmar teorías de que no somos dueños de nuestras decisiones

     


Anthony Cashmore no está proponiendo ninguna idea revolucionaria al decir que el libre albedrío es sólo una ilusión. Desde la antigua Grecia nos estamos preguntando cómo es posible que en un mundo en el que todo es mecanístico, nosotros tengamos la capacidad de ejecutar acciones que no responden a ninguna fuerza o razón causal más allá de nuestro deseo.

Pero para este profesor de biología de la Universidad de Pensilvania resulta inexplicable que la mayoría de los científicos sigan aferrándose al concepto del libre albedrío como algo que nos diferencia de los animales: “El libre albedrío es un concepto esencialmente religioso”, dijo, “pues no se ajusta a las leyes del mundo físico”.

“No tenemos problemas con ver a las bacterias, los animales y las plantas como una bolsa química, llena de compuestos, cuyas interacciones moleculares producen su comportamiento, pero nos es imposible pensar que este puede ser nuestro caso”.

Según explica, nuestro cerebro funciona en un nivel consciente y uno inconsciente. Nuestra conciencia nos hace darnos cuenta de lo que nos pasa y de lo que estamos haciendo, proporcionándonos una sensación de control sobre lo que nos rodea. Sin embargo, está claro que nuestro cerebro nos puede “ordenar” acciones de las que no somos conscientes (el famoso “no se en qué estaba pensando”).

Es decir, la conciencia parece ser un resultado de los procesos involuntarios de nuestras neuronas y no una causa de los mismos como lo percibimos nosotros. Según el biólogo, varios estudios científicos así lo sugieren.

En pocas palabras, no tomamos nuestras decisiones. Las mismas son un producto predeterminado de nuestros procesos neuronales. Lo que pasa es que nuestro cerebro hace el discernimiento (automático y mecanístico) entre caminos que son posibles y escoge el de mayor probabilidad de éxito según lo que dictaminen nuestros genes, la información obtenida de nuestro ambiente y experiencias previas, y un cierto componente estocástico. Una idea, por cierto, ya desarrollada por filósofos varios desde la antigua Grecia y particularmente por Thomas Hobbes en 1615 pero que era imposible de explicar científicamente sin conocimientos de neurociencias.

Es un concepto difícil de digerir, particularmente en vista de que cada persona parece ser tan diferente de la otra que la existencia de un programa resulta incomprensible. Pero la verdad es que tenemos genes diferentes, experiencias y ambientes diferentes y está la parte estocástica del proceso cerebral que aún es un misterio. Actualmente los científicos estiman que la clave para entender la estocasticidad de nuestro cerebro está en la física cuántica (noción que tampoco es ajena a la filosofía antigua, aunque con otros nombres).

Pero entonces, ¿de dónde viene nuestra noción de libre albedrío? Científicos como Cashmore sostienen que es una sensación producida por el hecho de que nuestro cerebro nos hace “espectadores presenciales” (conscientes) de parte del su proceso neuronal. Para Cashmore, este hecho nos dota de un sentido de responsabilidad evolutivamente importante para la vida en sociedad. Un tipo de vida que es la clave de nuestro éxito como especie. Si creemos que somos dueños de nuestras decisiones, también podremos ser responsabilizados de las mismas.

“Pero la realidad es que nuestro supuesto libre albedrío no es más que un estado de alerta más desarrollado que el de otros animales, y sigue siendo un resultado predefinido por nuestros genes y lo que hemos aprendido en el camino”

Pero ¿qué significa esto para una sociedad con un sistema de justicia precario como la nuestra? ¿Es conveniente popularizar esta noción de no-responsabilidad biológica? Cashmore argumenta que el conocimiento está siendo adquirido inevitablemente y a medida que esto ocurra, será cada vez más difícil mantener la “mentira del libre albedrío”.

Un nuevo sistema de justicia

Si no se puede responsabilizar a cada individuo de sus acciones, porque simplemente son predeterminadas por el programa cerebral, ¿cómo continuamos juzgando a quienes cometen un hecho antisocial?

Cashmore explica que las cortes actuales pierden enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y dinero en debates inútiles como si el alcoholismo es una enfermedad o si los crímenes sexuales son una adicción.

“¿Cual es la lógica de esto?” se pregunta “En realidad no somos responsables de nuestros actos. Los siquiatras y otros expertos deberían mantenerse por fuera de las decisiones de la corte. Es el jurado quien debe determinar si la persona es culpable o inocente y sólo después los expertos deberían decidir el castigo más apropiado. Tal castigo estaría racionalizado para manipular el componente de experiencias de los perpetradores y reducir así la incidencia criminal. Un condicionamiento totalmente pavloviano, un incentivo para que los individuos no rompan la ley.

Suena a Naranja Mecánica. Pero no es la primera vez que la humanidad se ha tenido que enfrentar a una verdad incómoda (suponiendo que Cashmore tenga razón).

Según este esquema los castigos no deberían tener visos de retribución a la sociedad (porque la noción de que el criminal ha pagado su deuda conflictúa con el condicionamiento deseado). Este nuevo paradigma también significa que la pena de muerte es algo inútil. De la misma manera supone que quienes no rompemos la ley es porque estamos mucho más al tanto de la importancia de nuestro propio ser consciente.

“Algo muy difícil de hacer y que requerirá largas discusiones” añade Cashmore, “pero que es un cambio necesario: nuestros sistemas judiciales demuestran cada vez más que son una farsa y no toman en cuenta nuestra realidad biológica”. Hasta ahora llegamos sólamente hasta castigar al culpable (cuando lo identificamos y atrapamos) pero no logramos cambios. Posiblemente Cashmore asoma de esta manera su opinión de que la idea de un sistema judicial es que en algún punto el crimen deje de existir.


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2 comentarios »

esto puede ser el fin del mundo como lo conocemos…

Posteado por Samymesa a las 11:14 AM, 18 de Marzo 2010

Mantengo una posición similar en mis libros: La vida un misterio tremendamente hermoso ¡Qué vaina tan buena es vivir! y A la luz de la sabiduría, ambos en las librerías de Venezuela

Posteado por reinaldo rodríguez anzola a las 4:28 PM, 6 de Abril 2010