Pesadillas avisadas sobre el cambio climático comienzan a hacerse realidad
Las gélidas regiones norteñas de Rusia no siempre fueron tan frías. En su paso desde posiciones mas templadas hasta su ubicación actual dentro del Círculo Polar Ártico ha sido habitada por selvas exhuberantes, bosques de altos pinos y abundante vegetacion de tundra que a lo largo de millones de años sepultaron increibles cantidades de carbono atmosférico bajo lo que ahora es una coraza de hielo. Este escudo se conoce como permafrost y es una capa de suelo cuya fracción acuosa se mantiene siempre en estado sólido por debajo de cero grados. Durante milenios, las condiciones de frío y falta de oxígeno han permitido que la descomposicion de tan enormes cantidades de materia orgánica sea lenta e incompleta, lo cual origina los depositos de petróleo de esta región, sus famosas minas de turba y gas metano. Millones, billones de toneladas métricas de metano.
Este metano no se encuentra en depósitos cerrados como el nuestro, mas bien forma parte del suelo. La producción de cientos de años de metano queda retenida en él gracias a que el permafrost le impide salir.
No todo el permafrost se encuentra en tierra firme. La mayor parte está debajo del Oceano Ártico, en el suelo del fondo, donde las temperaturas no son
tan extremas como en el continente. Es allí donde Nathalia Sakhova y su equipo de la Universidad de Fairbanks en Alaska han medido un incremento en las emisiones submarinas de metano a medida que un aumento de la actividad telúrica y el cambio climático van derritiendo lentamente el permafrost submarino.
La concentración del gas en el agua del Ártico está en aumento, pero lo que es realmente peligroso, es que este metano sube rápidamente hacia la atmósfera. Se calcula que unas 8 millones de toneladas métricas de CH4 estan regresando a la atmosfera anualmente sólo desde la región siberiana.
Los estimados actuales suponen que cada año se incorporan 440 millones de toneladas métricas del gas a nuestra atmósfera, por lo que un excedente de 8 millones no suena a tanto. Pero el metano es un gas de invernadero con un efecto 8 veces mayor al del dióxido de carbono, por lo que esta aceleración de sus emisiones aceleraría también el aumento de las temperaturas marinas, lo cual a su vez aceleraría aún mas la emisión de más metano desde el fondo ártico. Este es un círculo vicioso que ya los científicos del mundo han advertido en numerosas ocasiones.
Ante una liberacion tal de gases invernadero no existe cambio de costumbres humanas que contrarreste el efecto. Lo único que es realmente útil en este caso sería aumentar la capacidad del planeta de tamponar el exceso de gases invernadero: aumentar la cobertura de los bosques. Lamentablemente este no parece ser el empeño.

