Sur del Lago, capítulo I: ¿No te acuerdas de Chucho Meleán?

El retrato de una región en la mirada de uno de sus protagonistas

     


Por: Milagros Socorro

En la puerta de ingreso a la casa de Chucho Meleán hay un letrero garrapateado con bolígrafo en una hoja de cuaderno: “Por favor, tocar la puerta antes de entrar”. Y, en letra más pequeña, un educado “Gracias”. 

La puerta no está trancada con llave. Basta con girar el picaporte y ya te encuentras en la sala de la casa de hacienda de Meleán, una pequeña vivienda de dos habitaciones, una de las cuales ocupa el hacendado con su compañera, Fabiola, de 31 años de edad, nacida y crecida en El Peonío, la ahora célebre finca de Meleán.

La hoja ha sido arrancada de una “Agenda del campo” y pegada a la puerta con cinta plástica. Nada más trasponerla se siente el cambio de temperatura. La pequeña casa está dotada, eso sí, de aire acondicionado en todos los espacios. A la izquierda está la sala, en uno de cuyos rincones gira un arbolito de navidad profusamente decorado por Fabiola, según confirma Meleán. Las paredes están decoradas con una afiche que muestra al general Gómez pintado por Pedro León Zapata (“es un regalo de amigos”) y placas otorgadas al mítico personaje por diversas instancias de las fuerzas armadas que le agradecen su colaboración. La verdad es que los predios de Meleán ha sido hollados constantemente por bota militar, que ha acudido a su finca a recibir las vituallas que el hacendado por décadas les ha dado. Carnes, quesos, aves y algún dinerillo para el funcionamiento de guarniciones muy desguarnecidas.

Asunto curioso es que las diversas placas mencionan un nombre que varía constantemente: Don Jesús Meléan, Señor Chucho Meleán, Jesús Hernández. El nombre que aparece en su cédula de identidad, Nº 111.717, es Jesús Pastor Hernández Meleán. Alguien explica que sus padres se casaron de mayores, de manera que los primeros hijos eran conocidos ya con el nombre de la madre. De hecho, Jesús Pastor, nacido en el caserío La Victoria, el 19 de febrero de 1918, es el segundo de 11 hermanos. Entre los menores se cuenta doña Cira Hernández Meleán, madre de la conocida diseñadora zuliana, Mayela Camacho, sobrina, pues, de Chucho Meleán.

-¿Pastor? –digo mientras tomo nota del nombre completo.

-He pastoreado mucha cabra, mucha oveja… -dice con malicia, que celebran con risotadas los hombres que colman la sala, sentados en sillas y sofás pegados a la pared y que he encontrado al llegar.

Le hago muchas preguntas. Casi todas va a responderlas con medias frases, evasivas con piquete y, en fin, pases de toreo que echan de ver su ingenio y astucia.

Una de las pocas interrogantes que contesta por la calle del medio, clavándome esa mirada de estalactita de hielo es: ¿Hay algo que quisiera, algo que no tenga?

-Quisiera tener 40 años.

Chucho Meleán anduvo por sus 40, entre 58 y el 68. En los años 60, tuvieron lugar los enfrentamientos con la familia Semprún, episodio de violencia al margen de la ley, en el que sucumbió una decena de los hermanos y primos Semprún, en medio de una bacanal de plomo y sangre. “Pero”, como dice un hacendado que lo ha conocido y tratado por décadas, “a Chucho Meleán nunca le probaron ninguna vinculación con esos hechos”. La saga ocupó mucha prensa y hasta una película llegó a hacerse, “La matanza de Santa Bárbara”(Luis Correa, 1986).

Al parecer, las investigaciones no fueron muy minuciosas que digamos. Por esa época, Jesús Pastor se instaló en República Dominicana, donde también tiene extensas propiedades. Y cuando la cosa se calmó, volvió a El Peonío, de donde sólo lo sacarán, como ha venido diciendo, cuando le paguen “todo lo que está sobre la tierra”.

Continuará…


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Un comentario »

Por lo menos tiene donde refugiarse en República Dominicana :D qué envidia, porque dudo que le den un solo bolívar partido por la mitad, ni fuerte, ni débil :(

Posteado por @msosad a las 10:01 PM, 27 de Diciembre 2010