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¿Cómo tuitean los periodistas venezolanos?

¿Cuáles son nuestros límites y cuál nuestra responsabilidad cuando actuamos como simples ciudadanos en la arena pública?

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En tiempos como los que corren, en los cuales la privacidad se ha hecho asunto público gracias a la proliferación de medios y redes sociales, al menos un par de preguntas comienzan a despuntar entre los profesionales de la comunicación social: ¿Cuáles son los deberes y límites de los periodistas cuando se expresan en estos medios en tanto simples ciudadanos? ¿Es que acaso sus responsabilidades como informantes públicos les marcan una pauta a la hora de interactuar como gente de a pie?

Las respuestas no son sencillas. Quizás sean hasta imposibles en una época en la que se mueven, al mismo tiempo y con gran velocidad, tantos y tan disímiles elementos novedosos.  Lo evidente es que las redes sociales, por su facilidad de uso, han contribuido con la exposición pública de los trabajadores de los medios,  no ya como voceros de uno en particular, sino como ciudadanos con opiniones propias que, obviamente, no tienen por qué coincidir con las posturas editoriales de las empresas en las cuales trabajan.

En una situación ideal, no se deberían confrontar problemas, pero -se sabe- una cosa son los intereses de los medios y otra, muy distinta, los de los periodistas. En algunos casos son coincidentes, pero en otros no. Y cuando sucede esto último puede haber represalias contra quienes manifiestan, de manera personal y al margen de los medios que los emplean, opiniones divergentes. Tal fue el caso, en julio pasado, de la periodista Octavia Nasr, despedida de su cargo como editora para Medio Oriente de CNN  -en el que tenía 20 años-   por haber manifestado en un tuit su pesar por la muerte del gran ayatolá del Líbano Mohammed Hussein Fadlallah.

¿Qué debemos hacer los periodistas? ¿Autocensurarnos? ¿Apelar al uso de un seudónimo para llevar, digamos, una cierta vida paralela con más oxígeno? ¿Es eso ético? ¿Sería esto tolerable por los medios?

Empresas informativas de alcance global como la agencia Reuters, o medios con influencia internacional, como The Guardian, ya cuentan con políticas explícitas al respecto, pero en Venezuela aún es un asunto poco tratado. Afortunadamente vemos como periodistas de diversos medios y fuentes parecieran haber desarrollado, motu proprio y sin guiatura, una manera conveniente y original de desenvolverse en este canal informativo sin mayor protocolo y, hasta ahora, sin consecuencias que lamentar.

En Facebook, por ejemplo, hemos observado que algunos colegas han discutido abiertamente (y con no poca sorna y justificada inquina) asuntos relativos con su precaria contratación laboral, bajos sueldos y malas condiciones de trabajo. Que sepamos,  no ha habido ni despidos ni sanciones a causa del ejercicio de esta cuota de libertad. En Twitter, muchos colegas informan dónde trabajan, pero en una búsqueda (apurada, debo confesar) sólo conseguí a uno que en su biografía, especificara, como la productora audiovisual y periodista de El-Nacional.com Angie Rodríguez, que la suya es una cuenta “PERSONAL y no representa al medio en el que trabajo”.

El rastro que  dejamos los periodistas en las redes, querámoslo o no,  lo hagamos ex profeso o no, genera opiniones que, en algún momento, puede operar a nuestro  favor o en nuestra contra. Especialmente si llegáramos a vernos en el ojo del huracán, como le sucedió a la venezolana Andreína Flores, quien actuando como corresponsal de la agencia AFP hiciera una incómoda pregunta al  Presidente Hugo Chávez luego del 26S. Como pudimos notar, al hacerse público su nombre de usuario,  cierta jauría se dispuso a explorar en su timeline y a registrar sus opiniones para, a partir de ellas, cargarse en su contra por una supuesta “falta de objetividad”.

¿Qué debemos hacer en las redes? ¿Mantenernos como una suerte de seres angélicos sin opiniones? ¿Es eso posible?  ¿Dejamos de usarlas? ¿Nos limitamos a tratar temas ajenos a nuestras fuentes profesionales?

Recientemente, en un webinario dirigido por Bárbara Yuste para la FNPI sobre la gestión de la identidad periodística en la red,  una joven venezolana recién titulada, pero con varios años de vida digital y cierta identidad ya establecida,  preguntó: ¿Es decir que cuando entre a trabajar a un medio no voy a poder ser yo? No hubo respuesta para ella porque, volvemos al principio, no es fácil.

Lo único que podemos deslizar, a falta de mejor consejo, es que resulta una práctica sana el mantenernos a nosotros mismos bajo permanente vigilia. Pensar muy bien lo que escribimos. Y cómo. Cuidar cada tuit, cada actualización en Facebook, cada línea de nuestro blog. Porque somos ciudadanos, sí, pero unos ciudadanos con responsabilidades muy especiales derivadas de nuestra profesión. Y una identidad digital, esto es: exponencialmente pública.

Si algo bueno traen las redes sociales a los medios es audiencia. Y la audiencia necesita conversar, tener un interlocutor del otro lado. Y ese interlocutor no puede ser de palo. Por ello, en relación con las empresas en las cuales trabajamos, lo ideal es reflexionar sobre este asunto, documentarnos con experiencias de otras latitudes y construir una batería argumental que nos permita discutir con criterio propio las normas que trataran de imponerse. Que ya llegarán.

*Agradezco a la colega Estrella Gutiérrez, de la agencia de Noticias Inter Press Service, el ameno diálogo sobre este tema.

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6 comentarios »

Creo que la historia del periodismo, de la sociedad y hasta de los individuos, tendrá un nuevo curso a partir de las redes sociales y de los sucesos de Assange. Ya la mordaza no la tendrán los periodistas sino los actores de la realidad, como decía mi abuela, “si te tienes que esconder, mejor, no lo hagas”…Veo en el horizonte una promesa de versatilidad obligada. Por otra parte, creo que la opinión en pleno siglo XXI, no podrá ser eliminada. Una cosa es la opinión y otra la difamación inescrupulosamente insultante. La opinión es libre, y la investigación, gracias a la aldea global indetenible….se acabaron lo secretos, cosa que considero positiva.
Cierto que actualmente en Venezuela estamos en dictadura, pero saldremos adelante, porque no estamos en un siglo en que se pueda apedrear a una mujer sin que todo el mundo lo sepa, creo que ahora los sucesos hablarán por si mismos y entraran al desnudo a la opinión mundial.
Sigan adelante, porque cada vez es más difícil esconder!! Y los venezolanos somos los seres más creativos del mundo….Acuérdense de la historia en tiempos de Perez Jiménez, en la cual el pueblo se burlaba de los dictadores a través de “Manteca los tres cochinitos…”

Posteado por Luisa M. Odremán C. a las 5:20 PM, 20 de Enero 2011

Lo que planteas no solo ocurre en las redes sociales vía internet, sino que es el pan nuestro de cada día en todos los espacios y contextos en los que vivimos: periodistas, familia, Trabajo, amigos del alma, todos de alguna manera aplican la censura a nuestra manera de pensar, muchas veces dejándonos sin trabajo, otras veces sin amigos y hasta sin familia…

Posteado por Eglee Durán a las 8:29 PM, 20 de Enero 2011

Bien lo dice es un tópico complicado y donde no hay muchas respuestas. Es claro que si un periodista twittea “mi entrevistado tiene mal aliento” es bastante probable que esa fuente no vuelva a darle una entrevista, así que me parecen principios muy clásicos los que deberían imponerse los periodistas.

En todo caso, ahora que mencionó las políticas de los medios venezolanos recordé que en 2005 los periódicos prohibían el uso del Messenger a sus periodistas y en 2006, en pleno auge mundial de Facebook, esa página la bloqueaban desde las redacciones. De modo que si salieran a imponer normas de uso para Facebook o Twitter sería más que irónico.

Posteado por Margaret López a las 11:20 PM, 20 de Enero 2011

Gracias por los comentarios. Y sí, definitivamente, parece que estamos viviendo en una “Sociedad Transparente” en la que no solo es cada vez más dificil que el poder escape del escrutinio público, sino una en la cual los ciudadanos de a pie, independientemente de la profesión que tengamos, estamos exponencialmente sobreexpuestos, si cabe la exageración. ¿Bueno? ¿Malo? Es. Y toca advertirlo.

Posteado por Raisa Urribarri a las 6:03 PM, 21 de Enero 2011

No olvidemos que las mismas empresas comunicacionales tienen intencionalidad propia.Considero que los periodistas , al ser interlocutorescumplen la doble función de ser puente y a la vez ser actor social que vive en cerne propia la noticia. Corresponde a ellos librar una batalla para que dentro de los propios medios se respete el derecho a la información, a la opinión ,a la organización….

Posteado por antonio a las 7:45 PM, 21 de Enero 2011

Absolutamente, Antonio. Muy de acuerdo contigo. Gracias por leer y comentar.

Posteado por Raisa Urribarri a las 2:46 PM, 27 de Enero 2011