Patrimonio Histórico

La zona histórica de Puerto Cabello todavía espera un plan integral de conservación que le devuelva el esplendor de los siglos XVIII y XIX

     


Por: José Sabatino Pizzolante

Desde que a finales de la década de los setenta las pocas calles que conforman la zona colonial, fueron protegidas por un decreto de la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, es mucho lo que se pudo hacer. Se trataba de una pequeña área en términos de extensión, pero muy rica en historia, punto de partida de la urbe castellana modelada por los guipuzcoanos llegados a estas tierras a principios del siglo XVIII. Es mucho lo que se pudo hacer, pero no se hizo. Y es que en esto de la conservación de nuestro patrimonio histórico, hemos visto a lo largo de los años unos cuantos exabruptos, todo ello ante la mirada complaciente de los porteños y a pesar de la normativa proteccionista existente. Verdaderas joyas arquitectónicas como el hotel de los baños y la aduana vieja fueron demolidas, lo mismo que casi ocurre con inmuebles de gran interés como el que sirvió de asiento a la imprenta de Segrestáa, y que más tarde fuera del Dr. Adolfo Prince Lara; inmuebles de gran valor como el antiguo correo, sede del club alemán “Gut Heil” que recibiera a Teresa Carreño en 1885, se encuentran en deplorable estado, a la espera de fantásticos planes que nunca se ejecutaron.

Otros episodios, por demás pintorescos, forman ya parte del obligado anecdotario local: Cómo olvidar la oportunidad en que las estatuas de las cuatro estaciones entonces ubicadas en el malecón, fueron pintadas de blanco; o, más recientemente, cuando el teatro municipal fue pinturreteado de rojo y amarillo. El patrimonio histórico, en especial su conservación, no tiene dolientes en este país, mucho menos en esta ciudad en donde para colmo somos desmemoriados.

En el pasado acciones espasmódicas y desarticuladas lograron, por fortuna, la restauración de la casa Guipuzcoana, en menor escala refacciones a la Iglesia del Rosario, pero el conjunto arquitectónico en general nunca recibió los beneficios reales de un plan bien estructurado que garantizara su restauración integral y, más importante aún, su conservación en el tiempo. Un intento, sin embargo, se hizo durante el gobierno del entonces gobernador Henrique Salas Römer con el cual se logró el rescate de las fachadas, algunas calles y plazas lo que representó un importante avance, pero siempre insuficiente al no abarcar dicho plan la totalidad de los inmuebles y materializar su efectiva reconstrucción, aunque no hubo quien convenientemente escribiera que la ciudad antigua resurgía cual moderna Ave Fénix de sus propios olvidos… Los recursos del puerto descentralizado bien pudieron servir a este propósito, apalancando un programa de gran escala para la rehabilitación de la zona colonial. Tampoco se hizo.

Hace apenas cuatro años se presentó un interesante proyecto para la recuperación del patrimonio histórico de Puerto Cabello, elaborado en el marco del convenio Cuba-Venezuela con asistencia de la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana. Se trataba de un plan que abarcaría la reconstrucción y restauración de inmuebles, instalación de escuelas para el personal embarcado en esas tareas, posadas y muchos otros servicios que definitivamente reanimarían esa zona, convirtiéndola en puntal de la actividad turística. ¿Qué pasó? Un buen día los cubanos abandonaron la ciudad y las autoridades guardaron silencio. Tampoco se hizo nada y la zona histórica continúa a la espera de mejores tiempos, quizás que se desempolve el proyecto de nuestros hermanos cubanos. Es muy poco lo que se logrará rescatar de nuestro malogrado patrimonio histórico, si el tema no se termina de abordar con seriedad, compromiso y sin actitudes timoratas. ¡Cuánta falta hace don Miguel Elías Dao! Se necesitarán más que un millón de bolívares para restaurar la Casa Guipuzcoana, como planes y cuantiosos recursos para rehabilitar la zona histórica.

 

 


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