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Sobre grandes humores

No escribiré humor, porque no sé hacerlo, escribiré acerca de la gente que tiene a la risa por profesión

     


Excelentísimo Señor fue la obra creada en 1843 en tono de sátira contra el general Carlos Soublette, presidente de la República de Venezuela para aquel entonces. Antes de su estreno en el Teatro de Caracas, el autor de la obra, Francisco Robreño, fue citado al Palacio de Gobierno para reunirse con el primer mandatario. El escritor leyó el texto de su creación, y una vez concluida la lectura Soublette le dijo: “Todo está muy bueno, además que no me trata a mí tan mal; no tiene sino ligeras burlas, pero créame usted que Venezuela no se ha perdido ni se perderá porque un ciudadano se burle de un gobernante; se perderá cuando un gobernante se burle de sus conciudadanos”.

Es la visión del humor que quiero rescatar y enaltecer en esta columna. No escribiré humor, porque no sé hacerlo, escribiré acerca de la gente que tiene a la risa por profesión. Es por ello que pretendo dar a conocer los trabajos de humoristas venezolanos que con una importante provisión de picardía han llegado a ser una especie de estrellas pop en el contexto histórico actual.

El halago propinado a una persona no es tarea común en la labor de ellos, el tinte político es el centinela del trabajo de muchos y la exposición constante crea un contrato de amistad con la sociedad. El criterio de estos profesionales del humor no se reduce al de la parroquia, sino por el contrario las alpargatas y las camisas ahuecadas se han convertido en un discurso amablemente evasivo para quienes han adoptado temas universales. Con cautelosas renuncias al secreto de su posición política, cada uno de estos artistas descarta la vieja idea de que el humor es un arte menor; y nadie mejor para aclarar esta diatriba que las palabras una vez pronunciadas por el principal investigador y cronista del humorismo venezolano, Aquiles Nazoa: “Nuestro humorismo no es como se cree un género menor” sino que “la minoridad ha estado más bien en el criterio que se ha tenido para apreciarla”.

Actualmente, es ese el punto de vista que ha ido ganando más y más seguidores; eso se evidencia en los espacios que ha ido ocupando el humor en la agenda del venezolano. La prensa nacional con sus humoristas gráficos; y los teatros y locales nocturnos con su programación de stand up como atractivo principal. Jóvenes se dan la mano con la ya consolidada generación y las presentacionesde parte y parte, son celebrados con el mismo entusiasmo. A fin de cuentas la risa es el único fin.

Finalizo con un prudente retorno hacia el año 1923 cuando se fundó el Semanario Fantoches,un grandioso precedente que abarca buena parte de la letanía de historias de las que se ha nutrido nuestra idiosincrasia hasta el día de hoy; donde caricaturistas, humoristas, payasos, cómicos o como se les quiera llamarnos brindan, ya no un escape a los problemas, sino una inmersión profunda en nuestra propia realidad.

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