La increíble historia de las tortugas del Orinoco (III)

Misión cumplida, ¿Qué nos deparará el mañana?

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Con un fuerte rugido de los motores fuera de borda de las “voladoras”, lanchas de casco de aluminio de la Guardia Nacional, salimos rumbo al islote de arena en el Orinoco, situado entre la desembocadura de dos de sus afluentes, el Parguaza y el Cinaruco; el sol quemaba pero la brisa cargada de agua del río refrescaba los rostros.

Juli Salas Restifo

Por: Julieta Salas de Carbonell

Temprano esa mañana habíamos llegado al refugio de la tortuga arrau para asistir a la liberación de más de 15.000 tortuguillos y en el pequeño caserío de Santa María del Orinoco se sentía “la algarabía de foráneos, expertos, biólogos, Guardia Nacional y la gente del pueblo” que ayudaban a descargar los últimos huacales llenos de tortuguillos, del camión que por una horrorosa carretera de tierra los había traído desde el zoocriadero de FUDECI en Puerto Ayacucho; varios viajes hicieron las voladoras trasladando los huacales hasta el islote de arena donde esperaba una cantidad mayor de animalitos listos para ser dejados en libertad.

Así cumplía FUDECI una de las metas del programa de conservación de la tortuga arrau, especie en peligro de extinción. Otra de las metas de este programa, las actividades de educación ambiental, se llevaban a cabo en el zoocriadero, donde se atendían visitas guiadas de alumnos de escuelas de Puerto Ayacucho, y en las comunidades situadas a orillas del Orinoco y sus afluentes, de forma que niños, jóvenes y adultos asumieran la protección debida a estos animales.

Escolares en el zoocriadero Foto: FUDECI

Después de una muy corta y agradable navegación llegamos al banco de arena y desembarcamos, impresionaba ver la inmensa multitud de tortuguillos que se arremolinaban tratando de escapar del cercado que los retenía. El instinto de estos animales los llevaba a buscar el agua; casi todos, a excepción de algunos despistados, miraban hacia el río y desesperados, se empujaban unos a otros, abriéndose paso.

Liberación de tortuguillos. FUDECI

Ya era el mediodía cuando se quitaron las barreras, los tortuguillos salieron en una carrera desenfrenada rumbo al agua, el instinto los hacia correr tratando de evitar ser atacados por sus enemigos naturales, los pájaros, peces y caimanes que se daban banquete con los neonatos. Pero estos tortuguillos llevaban gran ventaja, en el zoocriadero habían crecido, su caparazón se había endurecido y ya no eran presa fácil de los depredadores.

Entre los años 1994 y 2010 FUDECI liberó 275.867 tortuguillos, más de la mitad de todos los liberados (434.765). En esta actividad participaron 13 diferentes zoocriaderos a lo largo de los últimos 18 años, pero a partir de 2010, por decisión del gobierno nacional se prohibió a los entes privados de conservación la recolección de huevos o neonatos de la tortuga arrau. Hoy en día los zoocriaderos de FUDECI están cerrados y el Ministerio del Ambiente no da curso a las solicitudes de permisos para colectar huevos y neonatos para su cría.

FUDECI confía en que los cientos de miles de tortuguillos liberados puedan llegar a adultos y que las enseñazas sobre conservación que con tanto amor les impartieron a los niños y jóvenes no hayan sido en vano. Ojalá que el esfuerzo que desde 1946 Venezuela ha emprendido para salvar nuestra fauna y nuestra flora no se pierda y que en un mañana cercano no lamentemos la desaparición de esos increíbles animales.

a mañana habíamos llegado al refugio de la tortuga arrau para asistir a la liberación de más de 15.000 tortuguillos y en el pequeño caserío de Santa María del Orinoco se sentía “la algarabía de foráneos, expertos, biólogos, Guardia Nacional y la gente del pueblo” que ayudaban a descargar los últimos huacales llenos de tortuguillos, del camión que por una horrorosa carretera de tierra los había traído desde el zoocriadero de FUDECI en Puerto Ayacucho; varios viajes hicieron las voladoras trasladando los huacales hasta el islote de arena donde esperaba una cantidad mayor de animalitos listos para ser dejados en libertad.

Así cumplía FUDECI una de las metas del programa de conservación de la tortuga arrau, especie en peligro de extinción. Otra de las metas de este programa, las actividades de educación ambiental, se llevaban a cabo en el zoocriadero, donde se atendían visitas guiadas de alumnos de escuelas de Puerto Ayacucho, y en las comunidades situadas a orillas del Orinoco y sus afluentes, de forma que niños, jóvenes y adultos asumieran la protección debida a estos animales.

Escolares en el zoocriadero Foto: FUDECI

Después de una muy corta y agradable navegación llegamos al banco de arena y desembarcamos, impresionaba ver la inmensa multitud de tortuguillos que se arremolinaban tratando de escapar del cercado que los retenía. El instinto de estos animales los llevaba a buscar el agua; casi todos, a excepción de algunos despistados, miraban hacia el río y desesperados, se empujaban unos a otros, abriéndose paso.

Liberación de tortuguillos Foto: FUDECI

Ya era el mediodía cuando se quitaron las barreras, los tortuguillos salieron en una carrera desenfrenada rumbo al agua, el instinto los hacia correr tratando de evitar ser atacados por sus enemigos naturales, los pájaros, peces y caimanes que se daban banquete con los neonatos. Pero estos tortuguillos llevaban gran ventaja, en el zoocriadero habían crecido, su caparazón se había endurecido y ya no eran presa fácil de los depredadores.

Entre los años 1994 y 2010 FUDECI liberó 275.867 tortuguillos, más de la mitad de todos los liberados (434.765). En esta actividad participaron 13 diferentes zoocriaderos a lo largo de los últimos 18 años, pero a partir de 2010, por decisión del gobierno nacional se prohibió a los entes privados de conservación la recolección de huevos o

neonatos de la tortuga arrau. Hoy en día los zoocriaderos de FUDECI están cerrados y el Ministerio del Ambiente no da curso a las solicitudes de permisos para colectar huevos y neonatos para su cría.

FUDECI confía en que los cientos de miles de tortuguillos liberados puedan llegar a adultos y que las enseñazas sobre conservación que con tanto amor les impartieron a los niños y jóvenes no hayan sido en vano. Ojalá que el esfuerzo que desde 1946 Venezuela ha emprendido para salvar nuestra fauna y nuestra flora no se pierda y que en un mañana cercano no lamentemos la desaparición de esos increíbles animales.


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