El árbol de los mil usos

Haba tonka, matarratas y la salvación de los cardíacos

     


¿Qué tienen en común deliciosos postres, costosos perfumes franceses, tabacos habanos, y los matarratas?

Desde el siglo XVII ya era conocida en Europa, sus semillas eran recolectadas en las tierras de Guayana y del golfo de Tonkin en la Indochina y se destinaba principalmente a aromatizar el tabaco; posteriormente se usó en la cosmética y la repostería, hasta que en 1868 se descubrió la cumarina, presente en las semillas de este género de plantas leguminosas conocido como Dipteryx, que en Venezuela llamamos árboles de sarrapia, árboles que crecen en las selvas húmedas especialmente en el estado Bolívar en la región del río Caura.

Juli Salas Restifo

Por: Julieta Salas de Carbonell

“La mejor propiedad conocida de las cumarinas indirectamente demuestra su rol en la defensa de las plantas. La ingesta de cumarinas de plantas como el trébol puede causar hemorragias internas en mamíferos. Este descubrimiento llevó al desarrollo del raticida Warfarin (R) y el uso de compuestos relacionados para tratar y prevenir la apoplejía” y la trombosis en cardiópatas.

El siglo XIX fue el siglo de expansión del imperio británico. Henry Wickham, un joven inglés deslumbrado por las historias de las riquezas que supuestamente se encontraban en las selvas de la América tropical, abandonó la pequeña isla donde había nacido y se adentró en las selvas del Orinoco en busca de las riquezas de un nuevo Dorado, los árboles que producían las afamadas “haba tonka”, la sarrapia, cuyas semillas tenían gran demanda en Europa. Wickham llegó a Ciudad Bolívar el 22 de enero de 1869 provisto de cartas de recomendación de las autoridades inglesas de Trinidad. Nuestro joven aventurero recorrió el territorio del Caura y sus tributarios en busca de los árboles de sarrapia, que con sus casi 30 metros de altura y frondosa copa eran fácilmente distinguibles en la selva, lamentablemente no encontró ninguno con fruta por no ser su temporada. Desilusionado abandonó esta empresa y se internó por el cantón de Río Negro en busca de árboles de caucho con los que sí esperaba hacerse rico. Luego de muchas increíbles aventuras que describió en sus memorias Rough Notes of a Journey Through The Wilderness from Trinidad to Pará, Brazil, by way of the Great Cateracts of the Orinoco, Atabapo, and Rio Negro, en Manaus logró “robar” más de 70.000 semillas del árbol de caucho Hevea brasiliensis que sacó de contrabando del Brasil y que fueron el origen de las grandes plantaciones inglesas de caucho en el Asia.

El Cronista de Ciudad Bolívar, Don Américo Fernández, narra en su libro “Historia y Crónicas de los Pueblos del Estado Bolívar” que los registros de exportación de la sarrapia datan de los años 1845 y 1846, extendiéndose su comercio desde 1890 hasta 1965, “cuando comienza a decaer”. Añade Don Américo que la sarrapia crece silvestre en el “Guayapo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro, Pastora, Chiveta, El Caballo y el Manteco en el Bajo Caura, sin dejar de mencionar las selvas ribereñas de la zona media, desde el raudal La Mura hasta la desembocadura del Nichare y las grandes montañas orinoqueñas”.

Según la periodista Evelyn Guzmán Bigott, en El Diario de Guayana, de Puerto Ordaz, el nombre científico de nuestra sarrapia es Dipteryx punctata, conocida en los países anglosajones como Haba Tonka. “Es autóctona del estado Bolívar, por eso fue escogida como árbol emblemático en mayo de 1952 y su zona de distribución natural coincide con la cuenca baja del río Caura.” El árbol de sarrapia “puede alcanzar alturas propias del bosque de Guayana, de hasta 30 metros, lo que dificulta la recolección de los frutos, de manera tal que muchos prefieren recogerla cuando este cae. Los mejores trepadores siguen siendo los indígenas que son contratados durante la época de la cosecha, se tiene que esperar que los frutos estén en buen estado de madurez para su recolección”.

El fruto de la sarrapia, parecido a un mango pulposo es muy insípido y sus semillas tienen un aspecto poco atractivo, alargadas, de color oscuro y arrugadas, son muy apreciadas por su aroma parecida al clavo de olor y a la canela y por su sabor que recuerda a la vainilla. Sumito Estevez, reconocido “chef” venezolano recomienda mantenerlas bajo refrigeración para impedir su desecación y solo rallarlas al momento de ser añadidas a platos, salados o dulces, tal cual como se hace con las semillas de nuez moscada.

La sarrapia es un árbol maderable pero por ser el árbol emblemático del estado Bolívar su explotación está prohibida. Para 2006 en los meses de febrero y marzo en la región cercana a Maripa se cosechaba la sarrapia, toneladas de semillas que se enviaban a una procesadora en Maracay, estado Aragua. Según un funcionario de la CVG citado por la periodista Guzmán Bigott “Hace 20 años hubo un intento de la CVG para semiprocesar la semilla en la población de Maripa con el fin de darle valor agregado, sin embargo la empresa con la que se hizo el contacto determinó que no era conveniente por la falta de energía eléctrica que en ese tiempo no era confiable”.

Los indígenas y criollos de Guayana utilizan las semillas ralladas para mitigar dolores abdominales y molestias estomacales y los del estado Amazonas las usan como amuletos: si usted tiene la suerte de conseguir algunas de estas copio la receta para prepararlas en su casa:

“Con 260 gramos de semillas de sarrapia, 1.920 ml de alcohol absoluto al 96% y 1.920 ml de agua potable usted puede preparar un extracto de sarrapia para compartir con los amigos. Sólo tiene que picar la sarrapia finamente, meterla en un envase con el alcohol y el agua. Dejarla allí durante cuatro meses, batiendo todos los días durante cinco minutos. Pasar a través de un trapo fino y guardar en una botella de vidrio en un lugar fresco y oscuro.” Evelyn Guzmán Bigott. La Sarrapia: Árbol Emblemático De Estado Bolívar El Diario de Guayana, Puerto Ordaz, Bolivar, agosto 2005.


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Un comentario »

Julie:
Sospecho que lo que llamamos o mejor dicho, llamábamos vainilla en Venezuela tenía un buen porcentaje de esta semilla. Es un sabor delicioso que ya no se consigue, al menos en Caracas. Con esa “vainilla” se preparaba gelatina de lámina y chantilly.
Hace unos cuatro años llamé a la única compañía que la distribuía aquí en Caracas para protestar por el cambio de fórmula y me contestaron que ellos habían comprado la compañía y habían eliminado un ingrediente que era raticida. No me queda la menor duda de que ese sabor que tanto añoro es el de la sarrapia.
Otro sabor que realmente añoro es el del ají dulce.

Posteado por Dalia Salas a las 10:08 PM, 17 de Mayo 2011