Ayer tembló en la Asamblea Nacional

Ayer pasó algo que no deja de tener su efecto y su impacto, más allá de lo simbólico

     


Por Juan Carlos Zapata

Los 30 diputados de la oposición sentían que la tarima iba a ceder. Eran 30 porque no cabían más. Con más espacio, todos, los 65, estarían allí. Porque lo importante era evitar que prosperara la proposición de la bancada del gobierno, la bancada roja, de allanarle la inmunidad parlamentaria a William Ojeda. La tarima temblaba. Cierto. Pero los que más temblaban eran los diputados del gobierno.

Hacía mucho tiempo, pero mucho tiempo que no veían tanta determinación en los opositores. La diputada Yelitza Santaella había leído la propuesta y el mismo Ojeda fue el encargado de darle respuesta. Cuando no hubo más debate, se procedió a votar. Entonces, vino el blackout del gobierno. La señal del canal de la Asamblea Nacional no transmitía la imagen de lo que en realidad estaba ocurriendo en el recinto. Y lo que había era una demostración de fuerza. Los diputados de la MUD recordaron que la aplanadora del gobierno había funcionado sin consideración alguna en el caso de Wilmer Azuaje. Pero eso era otro tiempo y otra Asamblea Nacional. A Azuaje lo borraron de un plumazo del Parlamento. Y eso era lo que pretendían los rojos, y en particular la jefa de la fracción, Cilia Flores, quien desde la primera sesión ordinaria de esta nueva Asamblea, sacó a relucir el caso de Ojeda, antes rojo, militante del MVR, ahora opositor, militante de UNT. Eso no se lo perdonaban. Eso no se lo han perdonado. Sólo esperaban la excusa. Y el papel de Ojeda en los hechos de El Rodeo les brindaba la oportunidad. ¿Qué hizo Ojeda? Solidarizarse con los familiares de los presos de la cárcel. Los familiares contra quienes arremetía el poder del Estado. Q ue para eso sí hay Estado. Con los antecedentes de Azuaje, Mazuco y Biagio, los opositores, en cambio, se decidieron a dar la pelea. De hecho, la lucha a favor de Biagio hizo que éste estuviera ayer en la Cámara, incorporado, cuando hace unos meses se temía que se le allanara la inmunidad. Mazuco sigue preso.

Ayer pasó algo que no deja de tener su efecto y su impacto, más allá de lo simbólico.

1. La bancada roja se convenció que en unos meses el país ha cambiado. Se percató que el slogan, “Somos Mayoría”, no es propaganda opositora. Es realidad. Supo, de pronto, que el PSUV es mayoría en la Cámara gracias a las truculencias del sistema electoral, no porque lo dicta la calle.  Por ello, a pesar de manejar la imagen del canal de la Asamblea, se cuidaron de seguir adelante. El país se los iba a reclamar. Los problemas sociales son más urgentes. Y la ausencia del Presidente de la República hace más evidente el estado de la Nación. La Asamblea pasa a estar ahora en el escrutinio nacional.

2. Los diputados opositores aplicaron ayer una máxima de unidad. Ya no más, dijeron. Lo cual comprueba el trabajo en la MUD. Sentirse en mayoría, no en la Cámara, sino en el sentimiento que va respirando la calle, obliga a acciones determinantes. Este es otro Parlamento desde ayer.

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