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¡Maestro!

Su entrada al escenario puede arrancar estruendosos aplausos del público, aún sin que el concierto haya empezado, y sus honorarios escalar los cielos

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Se trata de un ser amado y odiado por muchos, como decíamos en la entrega anterior, capaz de imponer su voluntad sobre la masa orquestal, interpretar al compositor, agregar su sello personal a la obra y, a veces, establecer una relación casi mítica con la orquesta que le convierten en verdadera leyenda. Le llaman Maestro, lo que pone de relieve su supremacía sobre el resto de los músicos. Es el ejecutante de ese gran instrumento colectivo que es la orquesta. Su entrada al escenario puede arrancar estruendosos aplausos del público, aún sin que el concierto haya empezado, y sus honorarios en el caso de algunas luminarias superan con creces lo que ganan unos cuantos músicos, cuando no la orquesta, por más experimentados y talentosos que sean.

Por: José Sabatino Pizzolante

Cada uno tiene su estilo personal: unos se caracterizan por la economía del movimiento, otros brincan de un lado al otro en el pódium con electrizantes gestos, melenudos personajes en impecable frac o con ligera vestimenta, con elegante batuta o manos desnudas al aire, la verdad es que hay para todos los gustos.

¿Qué hace este Maestro que dibuja movimientos en el aire, para merecer tantos honores? Sería suficiente decir, quizás, que su gran mérito es individualizar la ejecución instrumental de un colectivo en el que cada uno de los músicos tiene una apreciación subjetiva de la obra que ejecuta y la manera como debe interpretarla. El director estudia la partitura, se interna en la psiquis del compositor y la época en que escribió la obra, para terminar imprimiéndole su sello personal al concierto o la sinfonía tal; es el director quien termina imponiendo el tiempo en cada uno de los movimientos que conforman la obra (y entre los cuales no debe el público aplaudir, so pena de ganarse la mala mirada de la orquesta o su director), los matices en determinados pasajes, la preponderancia de una línea melódica sobre otra y, en fin, apropiándose de la obra misma, por encima delavoluntad de los músicos. Una de sus manos marcará elegantemente el tiempo, mientras la otra indica los matices y la entrada oportuna de los instrumentos, pero en otros casos sus gestos tan solo hechizan al grupo orquestal.En ocasiones puede este personaje ser un maniático de su instrumento, la orquesta, e incluso mover instrumentos de un lado a otro en búsqueda del sonido perfecto. Leopoldo Stokowski, célebre director norteamericano de origen polaco, fue uno de los primeros en cambiar la ubicación tradicional de los violines, no sin algunas críticas, que en el pasado se ubicaban adelante y a ambos lados del director. Stokowskihacia la década de los veinte del siglo pasado, decidió colocar a los segundos violines del lado de los primeros violines (derecha del director) para formar una masa compacta, convencido como estaba de que esto proyectaba el sonido de mejor manera.

La capacidad del director para relacionarse con la orquesta, compenetrarse con aquel grupo a veces heterogéneo de instrumentistas, permite en oportunidades establecer una unión legendaria y convertir al director en depositario de la ejecución perfecta de las obras de un compositor específico. Son inolvidables, por ejemplo, la asociación entreKarajan y la Filarmónica de Berlín, Stokowski y la Filarmónica de Filadelfia, Bernstein y la Filarmónica de Nueva York o Mravinsky y la Filarmónica de Leningrado, entre quienes se estableció esa mítica relación, convirtiendo a director y orquesta en intérprete distintivos de algunos compositores. No es exageración cuando se habla de las versiones de Tchaikovski por Mravinski, o Beethoven por Toscanini, o Mahler por Bernstein, pues cada director supo imponer su visión particular del compositor que es lo que distingue las múltiples versiones que de una misma obra se han grabado.

Sobre el autor

José Sabatino, nacido en Puerto Cabello, es abogado egresado de la Universidad de Carabobo, con maestrías en Puertos (MSc) y Derecho Marítimo (LL.M) ambos por la Universidad de Gales, Reino Unido. Profesor en el área de postgrado de la Universidad Nacional Experimental Marítima del Caribe, alterna el ejercicio profesional con la escritura y la investigación histórica producto de lo cual ha publicado los trabajos Puerto Cabello: La Música en el Tiempo, las Aventuras y Sufrimientos de Moses Smith (Estudio Preliminar y Traducción) y Visiones del Viejo Puerto, entre otros. Columnista del diario “Notitarde”.


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