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Historias de taxis: la cárcel de Sabaneta

“… entró como un principiante ladronzuelo de carros, pero saldrá como un experimentado criminal”

     


El otro día me monté en un taxi y fugazmente surgió una de esas conversaciones típicas de un taxista, alusiva a la terrible situación que vive el país. Lo curioso fue el tema que él impuso, dándome una perspectiva muy personal sobre la cárcel de Sabaneta, en Maracaibo, producto de una visita que le había realizado recientemente a un familiar en el recinto carcelario.

Era su primo, a quien fue a visitar las pasadas navidades, y este le dio un profundo recorrido en la cárcel, enseñándole como funcionaba todo, cuales eran las reglas, anonadándolo con todos los enigmas que oriundan en tan tétrico lugar.

Lo primero que le sorprendió fueron los dealers –traficantes- de cocaína y marihuana en los pasillos de la cárcel, con toneladas de diversidad de drogas a la venta. El porte de una gama muy diversa de armas, por los mismos presos, fue otra cosa que lo inquietó un poco en su visita en la cárcel.

Luego, le mostró las 3 secciones de la cárcel, por las cuales dividen a los presos, según su estatus socio- económico, cabe destacar que a éstas no llegan los policías, ni ningún ente militar, a partir aquí mandan los pranes. En la primera – y más privilegiada- se encontraban los “presos con plata”, aquellos que gozaban de una buena atención, buena comida, y una habitación bastante confortable; con una cómoda cama, tv de plasma y demás aburguesamientos.

En la segunda, que podemos llamar “la intermedia”, se encontraban los presos clase media, los cuales contaban con ciertos recursos para beneficiarse de una moderada comodidad: sólo un colchón en el piso y comían una especie de mescolanza entre arroz, fororo y yuca, pero al menos no morían de hambre, también –algunos con los recursos- podían costearse la protección por parte de los pranes en la cárcel. En la tercera y última sección estaban los presos mas abandonados del emplazamiento carcelario: descalzos, en el piso de concreto, sin comida ni ninguna otra atención.

Es interesante como su primo alcanzó un estatus privilegiado en esa prisión, ya que él no es un joven de familia adinerada. Con desenvolvimiento para socializar, este joven logró ganarse la protección del pran superior de la cárcel, también ofreciéndole servicios de computación para todos sus artefactos tecnológicos, siendo un experto en la materia, ya que antes de dedicarse a robar automóviles, este estudiaba Ingeniería Informática en la URBE.

Otro aspecto descollante fue lo último que agregó su primo a tan lúgubre visita. Alegó que en la prisión entró como un principiante ladronzuelo de carros, pero que saldrá como todo un experimentado criminal, ya que en la cárcel prácticamente instruyen como cometer crímenes profesionalmente. Un ejemplo de esto fue que aprendió que de lunes a miércoles hay 350 oficiales de polimaracaibo patrullando la ciudad, este número se triplica de jueves a domingo y a las 4:30am cambian de guardia, es decir, esa es la hora perfecta para salir a cometer crímenes en Maracaibo. Increíbles las irregularidades que causa la impunidad en nuestro país, ¿no?

 

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