El Porteñazo visto desde el Destructor Morán | Por Clemente Balladares

La experiencia de uno de los marinos en Puerto Cabello en junio de 1962

     


El Destructor Clemente y atras el Moran

CLEMENTE BALLADARES. El periodista Luis José Cova es un hombre con más de 70 años de andar por la vida, sin embargo aun mantiene un espíritu de veinteañero con la madurez de los 40 para seguir trabajando, velando por su familia y viajando a donde algo de su interés ocurra. Nació en Cumaná, de familia caraqueña, educándose en Caracas, sirvió en la Armada Venezolana, para luego vivir la experiencia de los inicios de la revolución cubana y del socialismo en Europa Oriental. Aprendió su profesión y logró una maestría en Estados Unidos. Laboró en diferentes medios de comunicación del país. También vivió en Trinidad. Antes de jubilarse dedicó veinte y cinco años al periodismo ambiental, especialmente en el área de fauna silvestre. Felizmente casado con Meri Carrera, tiene dos hijos y un nieto, aparte cuenta con un rosario de familiares y amigos que lo aprecian por su bonhomía. El dos de junio de 1962 estaba sirviendo como Cabo Primero en el Destructor de la Armada de Venezuela, General Moran, identificado como el D22.

CB.¿ Donde se encontraba usted el día del porteñazo? ¿Cuáles eran las órdenes y que hicieron para cumplirlas?

Se acaban de cumplir 50 años de ese hecho, pero tengo aún en mi memoria lo ocurrido en esos días en el D22. Cumplía mi servicio militar en la marina, en el Destructor General Morán, y trabajaba como operador de turbogeneradores. Estaba de guardia ese fin de semana y había restricción de salida para personal de marineros y de un grupo de oficiales y suboficiales. Incumpliendo con el reglamento de abordo me fui para el cine en la Base Naval de Puerto Cabello. En el medio de la película encendieron las luces e hicieron un llamado a los tripulantes del destructor Clemente y del Moran para que se presentara en sus respectivos barcos. Nadie se movió. Al rato hicieron otro llamado y entonces nos levantamos y obedecimos la orden, que provenía de un oficial.

A bordo del Moran todo era un agite y mandaron a preparar el barco para zarpar, eso ocurrió como a las 9 de la noche. El personal de marineros no sabía nada sobre esa emergencia. Para colmo se presentaron problemas para el encendido de las calderas que producían el vapor para el funcionamiento de las turbinas y los turbogeneradores.

Como a las dos de la mañana se estabilizaron las calderas y mi guardia terminó a eso de las 4.30 am del dos de junio. Toda la tensión que se vivió esa larga noche me dejó muy cansado, no me fui a dormir al sollado (dormitorio de los marineros), si no que me acosté sobre una gran caja de metal que tenían esos buques en la proa en el lado de babor, en este caso el lado que estaba hacia el muelle donde el Moran estaba atracado.

Desperté de repente y oigo gritos, veo hacia el muelle y observo a varios infantes de marina armados de fusiles que se acercan al barco, adormilado oigo a un oficial que desde el muelle conminaba a otro que estaba a bordo a que se uniese al alzamiento militar que estaba en proceso.

Corro hacia el interior de la nave y todo era un alboroto. Unos oficiales decían que teníamos que zarpar rápidamente, mientras que otros buscaban las llaves para abrir el sitio donde estaban los fusiles FAL. No se podía permitir que tomaran el Moran.

Desde la cubierta pude ver que en el Clemente la situación era igual. Ellos trataron de zarpar primero y se olvidaron de quitar una de las amarras que mantenía al buque fijado al muelle. De pronto el mecate se reventó y en un efecto de latigazo rozó la cara de un sargento, hiriéndolo levemente. El Moran finalmente zarpó sin ningún contratiempo, mientras en el muelle los infantes de marinas nos gritaban cosas que apenas oíamos. Para ese momento eran como las siete de la mañana y nadie nos había informado exactamente qué estaba pasando. Se corría el rumor de que se trataba de un alzamiento contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

Apenas el destructor salió de la bahía de Puerto Cabello, convocaron a una reunión del personal en la proa, en la que llevó la voz de mando el alférez Chacón, un gocho que gozaba del aprecio del personal de marinería. El oficial nos habló de la situación en Puerto Cabello, que era el centro del alzamiento, en ningún momento tomo partido por un bando u otro. También nos aclaró que los pañoles de municiones para los cañones estaban vacios y que apenas había comida en las despensas.

En la tripulación había marineros, suboficiales y oficiales que tenían familia en Puerto Cabello y mostraban su preocupación por las noticias que oíamos por un radio, mientras tanto la nave recorría de un lado a otro el litoral frente a la base naval. Sentimos el ruido de unos cañonazos, era el Clemente que disparaba sus cañones hacia tierra por unos minutos.

Desde a bordo veíamos a los aviones militares que disparaban contra el cerro situado detrás de la ciudad, donde está situado un viejo fuerte. Se corría el rumor sobre fieros combates en el lugar denominado la Alcantarilla, ubicado en la entrada de la ciudad.

Varios oficiales se paseaban tranquilos por la cubierta sin portar armas y decían que había que esperar a ver qué ocurría. Entre el personal había una visible simpatía con los alzados.

Al tercer día regresamos al muelle, los rebeldes habían sido sometidos por las fuerzas leales al gobierno.

CB. ¿Qué rumores o conversaciones abiertas circulaban esos días?

En aquella época el Moran era un hervidero de rumores, pero sobre todo con la situación interna: suspensión de salidas, cambios en el personal, órdenes de navegar, cambio de comandante. No recuerdo que entre los marineros se hablase de alzamiento militar, aunque meses atrás habíamos estado en Carúpano, cuando el Carupanazo y fueron traídos a bordo como prisioneros el capitán Molina Villegas y el diputado comunista Eloy Torres ya fallecido.

CB. ¿Alguna anécdota cómica o dramática especial?

Lo más dramático fue el racionamiento de la comida. Acabamos con lo poco que había, casi todo era comida en lata y harina para hacer funche.

CB. Que observó directamente como suceso relevante

Se hizo notar que un grupo grande de oficiales no respaldaba al gobierno, si bien no estaban en el complot, pero no simpatizaban con Betancourt.

Cuando llegó la calma seis oficiales fueron sacados del Morán para investigarlos y más nunca regresaron, entre ellos un teniente de navío de apellido González a quien llamábamos el calvo y que era muy educado y nos daba charlas sobre la democracia.

CB. Que sabían de lo ocurrido en Pto. Cabello.

Solo sabíamos lo que oíamos por la radio que no era mucho y que estaban con los golpistas. También llegó un mensaje de la base naval pidiendo que no se disparara contra esas instalaciones.

Un turbo generador para los barcos militares venezolanos en los 50s

CB. Algo adicional que desee agregar.

Pude ver por la televisión una entrevista muy buena al historiador Domingo Irwin. Quien estuvo muy acertado en sus respuestas sobre alzamientos militares en el país y sobre el Porteñazo, pero ante la pregunta sí en ese alzamiento estaba involucrado Fidel Castro, respondió que no. Creo que la memoria le falló: para 1962 ya existían focos guerrilleros y algunos miembros del partido comunista habían sido entrenados en Cuba, en guerra de guerrillas. Había una euforia entre la juventud comunista de Venezuela por emular a la Revolución Cubana. En los años siguientes la intervención castrista en Venezuela y en casi todos los países de América Latina fue abierta.

También quiero decir que algunos años después me di cuenta que la Democracia es el mejor sistema para vivir y progresar en Venezuela. Los sueños socialistas se ven muy bonitos en los libros y en la boca de los dirigentes izquierdistas, que luego terminan corrompiéndose, oprimiendo a sus seguidores y arruinando a la nación. Se cumple aquello de que la revolución devora a sus hijos.

@CodigoVenezuela


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