Leyendas de Guayana. La Anaconda, señora de los espacios acuáticos | @Lahechicera

“Venezuela es tierra de espíritus, encantos y duendes.” Horacio Biord Castillo

     


Caicara del Orinoco

JULIETA SALAS CARBONELL. Guayana es agua, roca, selva, mito y realidad. Región sumida en el misterio, tierra de hombres con una intensa vida espiritual. Animales salvajes, plantas exóticas, morada de la gran culebra de agua, la Anaconda, señora de los espacios acuáticos. Horacio Biord Castillo, Investigador del Centro de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, experto en etnohistoria y oralidad nos ofrece un interesante relato sobre el mito de la anaconda que escuchó hace muchos años. Escribe el Dr. Biord:

“En casi todos los rincones del país se habla de seres misteriosos que habitan en piedras, quebradas, ríos, lagunas, montañas, cerros y diversos accidentes geográficos, de los cuales son sus dueños inmemoriales. Algunas veces estos seres se molestan y causan daños a quienes osan perturbar sus posesiones y sitios de residencia. En otras ocasiones, se mudan y aprovechan para ello las crecientes de los ríos o éstas no son más que los cambios de vivienda de los encantos. En la Semana Santa de 1975 tuve la inmensa suerte de viajar a Caicara del Orinoco y un poco más al sur, al fundo de mi tío, Moisés Biord Rodríguez, llamado Las Nieves”.

El fundo Las Nieves estaba situado en Sabana Nueva, en el Guaniamo, cerca de la serranía de la Cerbatana, municipio Cedeño, del estado Bolívar. En 1975 cuando Horacio lo visitó había que atravesar el Orinoco en una gabarra que iba desde Cabruta en Guárico hasta Caicara del Orinoco en Bolívar.

Cruce del Orinoco en gabarra. Foto: luis RustiAvila

 

En Caicara se continuaba el viaje por una infame carretera de tierra, más bien un camino de recuas, que según Horacio “se había proyectado hasta San Juan de Manapiare  (cuando la Conquista del Sur en 1969) sin embargo sólo se concluyó hasta un poco más al sur del río Suapure”. Esta carretera se podía transitar sin mayores contratiempos hasta “Pela Pa’ tras”, en el río Guaniamo. De allí en adelante, solo era una pica que poco a poco se tragaba la selva.

“Solo era una pica…” . Foto: Luis RustiAvila

“Era pleno verano y aquellos paisajes resecos, aunque atravesados por hermosos ríos de regular caudal, me mostraron un mundo fabuloso que me subyugó para nunca más poder escaparme de su embrujo.” (Biord 2009)

“Ríos de regular caudal…”, Foto: Luis RustiAvila

A Horacio, de solo 13 años de edad, este viaje al fundo de su tío le permitió conocer muchas de las increíbles leyendas que al caer la noche, a la brillante luz de las lámparas de gasolina “Coleman” de común uso en esos parajes o a la mortecina luz de alguna vela, le contaban las gentes del lugar, especialmente “un ser extraordinario: doña Petra Brito”. Doña Petra era la cocinera contratada por el dueño del fundo y Horacio la recuerda como “de baja estatura, un poco rechoncha, cabellos muy lisos y color oscuro, doña Petra tal vez descendía de indígenas. Su dulzura era inmensa, como su buena sazón que tantos años después aún evoco con deleite. Era viuda y no había tenido hijos. (…) Yo me sentaba embelesado a oír sus cuentos y anécdotas. Ella, mientras me abría ese mundo mágico, me habló de los pueblos indígenas que por allí habitaban, de las antiguas faenas de los campesinos, de los sarrapieros y de las culebras de agua.”

Carlos Mendoza: Anaconda 2012. Sala de exposiciones Fundación Banco Provincial. Foto: Luis Brito y Charlie Riera

Doña Petra le contó a Horacio que las culebras de agua “nacían en las cabeceras de los ríos y caños. Y que iban bajando lentamente, mientras crecían y se hacían cada vez más grandes, más temibles. Cuando llegaban, por fin, al Orinoco eran serpientes muy fuertes y podían medir ya varios metros. Continuaban su descenso hacia el mar y cuando, al fin, llegaban al océano ya tenían cuernos y eran monstruos muy espantosos. De allí que había que tenerles mucho cuidado. Se recomendaba hacer ruido cuando uno se iba a bañar y chapotear en el agua para espantarlas, especialmente si se estaba solo en los pozos y remansos de los ríos y caños. Recuerdo el énfasis que ponía en lo temible de aquellas serpientes cornudas y terribles, verdaderos monstruos fluviales que, desde los cerros donde estaban las nacientes, iban a dar a la mar.” (Biord 2009)

“desde los cerros donde estaban las nacientes …”. Foto: Luis RustiAvila

Recomiendo visitar en la sala de exposiciones de la Fundación Banco Provincial, La Castellana, Caracas la muestra “ORÍGENES” donde los creadores Carlos Medina, Carlos Mendoza e Ismael Mundaray nos ofrecen una visión fantástica del “reservorio natural más grande del país, como lo es el río Orinoco, (…) tres propuestas que auspician una reflexión sobre temas vitales” como son el agua siempre presente, los habitantes de la selva y  la anaconda, señora de los espacios acuáticos.

Orígenes. Sala de exposiciones Fundación Banco Provincial. Foto: Luis Brito y Charlie Riera

Orígenes: Sala de exposiciones de la Fundación Banco Provincial. Avenida Principal de La Castellana, Edificio Provincial, La Castellana, Caracas. Lunes a viernes 10:00 am a 3:30 pm. Domingos 11:00 am a 3:00 pm.

 

FUENTES

Biord Castillo, Horacio. 2009. Agua, mujeres y culebras. Relatos indígenas y campesinos. Boletín Academia de la Lengua – Año LXXVI, Nro 202. Caracas, enero-diciembre 2009. http://avelengua.org.ve/boletin/boletin-academia-de-la-lengua-ano-lxxvi-nro-202/

@CodigoVenezuela


INFORMACIÓN RELACIONADA

DANOS TU OPINIÓN

Los comentarios están cerrados.