libre

“La Habana sin tacones”

“Tristezas, alegrías, dudas y miedos”

     


Roberto Lovera De-Sola.

CUBA Y NOSOTROS

Cada vez que pensamos en Cuba en estos días, cada vez que nos llega un libro sobre la Cuba actual, desde luego sobre los horrores que viven los cubanos bajo aquella dictadura, los venezolanos de hoy no podemos dejar de preguntarnos qué pudo suceder entre los dos países para que llegáramos al estado de la relación actual que viven las dos naciones en la cual un país como el nuestro sostiene una autocracia, cosa nunca sucedida a lo largo de nuestra historia.

Esto es más grave sobre todo si pensamos en las viejas relaciones entre los dos países, bien antiguas y positivas. Como todo en nuestra historia las relaciones comienzan en los años en que Francisco de Miranda(1750-1816) vivió en La Habana(1780-1783) como oficial del ejército español, fue allá, en 1782, que le llegó la carta de tres compatriotas pidiéndole viniera a libertar a su patria. En 1799 durante su primer viaje a Europa Simón Bolívar(1783-1830) estuvo en La Habana como escala en su viaje a España.

El primer proyecto para una Constitución democrática en Cuba fue ideado por un cubano, Joaquin Infante, e impreso en Caracas en 1812, es aquel un venerable folleto, de los primeros del arte tipográfico entre nosotros; en medio de la epopeya de la emancipación se formó en La Habana la logia “Rayos y Soles de Bolívar” favorable a la emancipación de la isla; y una vez lograda la Independencia suramericana, en 1824, planeó el Libertador una expedición para darle la Independencia a Cuba, esta fue frustrada por las grandes potencias de internacionales de la época, pero conocemos los detalles de su organización.

El historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2002), quien la estudió con pormenor, denominó a aquella idea “la utopía cubana”(p.787). Más tarde la bandera de Cuba fue diseñada por un venezolano, el general Narciso López(1797-1851), quien fue ajusticiado por ejército hispano en la isla por haber participado en la lucha por la libertad de aquella nación. Otros venezolanos pelearon por la libertad de aquella nación. A uno de los nuestros, José María Aurochoechea, le fue aplicada la pena de muerte por su lucha a favor de la emancipación de la isla. Antes de ir ante el pelotón escribió una carta despidiéndose los suyos en Caracas. Sus líneas terminaban con la frase” Un recuerdo para Victoria Smith”, recordando en aquella hora a su novia bienamada.

La visita de José Martí(1853-1895) a Caracas, en 1881, fue celebrada ampliamente. El estudio de la vida y escritos de Martí, el martismo, quedó vivo en Venezuela tanto como el mirandismo, el humboltismo, el bolivarianismo o el bellismo. Son innumerables los artículos y libros sobre él escritos por venezolanos. Martí fue expulsado por el tirano de la época, el general Antonio Guzmán Blanco(1829-1899), quien no pudo lograr que Martí le vendiera su pluma para elogiarlo. El Apóstol se despidió de nuestra gente escribiendo: “Déme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mi a un hijo”(Julio 27,1881). El proceso de la guerra de emancipación cubana, a fines del siglo XIX, tuvo largo eco entre nosotros, se fundaron para apoyarla numerosos periódicos.

“Doctor Castro deje el arma afuera. A mi casa no entrada gente armada”

De allí la pregunta actual: ¿Qué pudo suceder para que el actual tirano de La Habana, Fidel Castro, haya llegado a odiar tanto a la democracia venezolana? Al menos tras aquel diálogo de Enero de 1959 con Rómulo Betancourt(1908-1981), aun presidente electo ese día, del cual salió tan mal parado el guerrillero. Primero porque al llegar Betancourt, al verlo llegar con un arma en las manos, una ametralladora, le dijo claramente: “Doctor Castro deje el arma afuera. A mi casa no entrada gente armada” Lo de doctor Castro tenía un sentido: Betancourt sabía que Castro no era un oficial de escuela pese al título de Comandante que le daban.

Y segundo porque Betancourt defendió ante las peticiones que le hizo el cubano, “con la audacia de los cubanos y el dinero venezolano seremos invencibles”, Betancourt al oír aquello fue claro en su respuesta: defendió los derechos del pueblo venezolano sobre aquello que producía el petróleo, no era para regalarlo sino para nuestro desarrollo, él solo era su administrador. El día de aquel palique el propio Betancourt estaba convenido de que Castro era un comunista, lo había comprendido en los años en que estuvo exilado en La Habana.

Lo sucedido después, se ha historiado: desde aquel día Castro se convirtió en el mayor enemigo que ha tenido la democracia venezolana. En esos años fue claro su apoyo a las guerrillas marxistas que intentaron crear aquí un régimen comunista, cosa que rechazó el pueblo venezolano a través de la acción de sus dirigentes, de sus Fuerzas Armadas y de los propios votos puestos en las urnas en las lecciones de 1963.

No le bastó a Castro propiciar todo aquello, en lo cual murieron, sin sentido alguno, al menos 6000 jóvenes venezolanos. Además organizó personalmente la invasión por Machurucuto(1967) en la cual participaron incluso un grupo de malos venezolanos que apoyados por una potencia extranjera invadieron su propio país, cosa nunca antes sucedida entre nosotros. Nuestro ejército puso inmediato punto final a aquella incursión.

En aquellos mismos años, cuando ya Cuba, un país mandado por un gobierno pordiosero, funcionaba gracias a la URSS lo mantenía, cosa posible por ser aquella una pequeña isla. Si su revolución hubiera sucedido en otro país, pongamos Brasil, que fue el ejemplo usado por René Dumont, aquel régimen hubiera sido imposible porque los rusos no habrían tenido con que financiar aquello.

Tambien en aquellos años, se divulgó desde Cuba una falsa interpretación del Libertador a quien entonces consideraron socialista, cosa que no pudo ser pues aquella teoría no se hizo pública mientras él vivía.

En 1999 apareció el hegemó caraqueño, quien llegó al poder faltando a la Constitución, que era la de 1961. Entonces el tirano de La Habana apoyó al actual régimen ya que este se comprometió a financiar a aquella nación. Lo que un hombre digno como Betancourt no hizo lo realizó, sin autorización alguna, Hugo Chávez.

Este régimen que padecemos los venezolanos ha sido claramente descrito por el estudioso venezolano Ángel Bernardo Viso al señalar los ocho puntos básicos que hay que entender para comprender el régimen iniciado en Caracas, con la presencia de Fidel Castro, en 1999, es una autocracia(Las revoluciones terribles,3ra.ed. Caracas: Editorial Libros Marcados,2011,p.XXII-XXIV). Lo cual sintetizó Simón Alberto Consalvi(1927), en su prólogo a este libro, en un solo hecho decisivo: “Hugo Chávez ha dominado la sociedad y ha confiscado el Estado venezolano… se trata de un presidente de facto que desconoció la Constitución(1961) ante la cual prestaba juramento y, a partir de entonces,1999, no ha hecho algo diferente a lo hecho por los dictadores de todas las épocas, pelajes y colores: socavar el orden jurídico y vulnerar el Estado de Derecho para eternizarse en el poder, en nombre de la ‘soberanía popular’”(p.XIII-XIV).

La consideración de que Cuba “es el mar de la felicidad”, según Hugo Chávez, se hizo viva. Cuba, otra vez el país pordiosero que mantuvieron los rusos, una nación incapaz de sostenerse por el trabajo de los suyos sin que otro país se los regale, a través de los acuerdos firmados, el petróleo cada día enviado, 110.000 barriles diarios, la idea de la creación de un solo país formado por ambas naciones, la Vene-Cuba, que ser formada significaría un acto de traición a la patria, penado por nuestras leyes, tal el proyecto del presidente que manda en Caracas.

Estos son los elementos para considerar por qué los relaciones entre cubanos y venezolanos, antes siempre felices, sobre todo hasta 1959, y desde luego desde las distorsiones de 1999, están en la forma que están. Solo podrán restauradas cuando ambos presidentes desaparezcan de la escena pública. ¡Cuánto mal ha hecho Fidel Castro a Venezuela!!Cuanto igual el hombre de Sabaneta a su propio pueblo!.

EL VIAJE DE UNA PERIODISTA

La Habana sin tacones (2ª.ed.Caracas: Editorial Libros Marcados, 2012.233 p.)

 Esta que hemos hecho es la interrogante que uno debe hacerse cuando abre un libro sobre ese país escrito por algún destacado intelectual venezolano, demócrata raigal, como es el caso de este que nos reúne esta tarde. Nos referimos a La Habana sin tacones (2ª.ed.Caracas: Editorial Libros Marcados, 2012.233 p.) de María Elena Lavaud(1964).

El libro es todo un logro en su carrera de periodista y escritora, por lo cual lo consideramos un logro doble, veremos ahora por qué.

Uno puede preguntarse: ¿a qué fue María Elena Lavaud a La Habana, qué quiso hacer con este recorrido?. Ello queda muy claro en las páginas de su obra. Comienza diciéndole a un incógnito interlocutor: “Los recuerdos que traigo no son tangibles. Ya te contaré. Duelen”(p.7). No creemos que se pueda llegar a esa ciudad, en medio del mar Caribe, en su situación actual, y sentir algo distinto de lo que ella nos confiesa haber sentido.

Ella nos indica: “El propósito era conocer la ciudad, interactuar con la gente en las calles, y traerme mi propia impresión de tantos y tantos años de discurso y cuentos echados por terceros de forma coloquial”(p.17). E indica: “incertidumbre y desasosiego fueron en mi maleta”(p.18), “Estaba tensa, expectante, aprensiva”(p.33), su necesidad era “verlo y escrutarlo todo”(p.45), “Mis ojos se saturaron en segundos. Quería verla todo en detalle”(p.62), “Había viajado a otro mundo, distinto e irreal”(p.96).

Buscó siempre lo humano que pudo ver, el mundo de las “emociones…la de la calidad humana y de los sentimientos”(p.232). Sentí, nos confía, “como si hubiese viajado en la máquina del tiempo a un lugar anclado en los años sesenta”(p.48). O más bien antes, mucho antes de 1959, situada en los años cincuenta, a hasta fines de los cuarenta. Por ello constató: “las calles lucían como un gran pueblo abandonado. Todas las fachadas por donde pasamos estaban corroídas, desvencijadas”(p.89), una nación, un país, en donde todo está prohibido.

Tanto que bien vale esto que ella cuenta: “Hasta 1966, cuando una emisora divulgó por primera vez una canción del cuarteto de Liverpool, los Beatles y su música estaban prohibidos; también las melenas, las minifaldas y los jeans. Pese a todo, hubo que pasar mucho tiempo para que en Cuba, todo el que usara el cabello largo y jeans, no fuera identificado automáticamente como enemigo de la revolución, o como opositor al régimen socialista”(p.174-175). En ese momento de 1966 hacía once años que los Beatles venían conmoviendo al mundo, además la revolución de la sensibilidad, de las melenas, de la minifalda, de la pastilla anticonceptiva, el intenso cambio en la sexualidad, habían alterado la sensibilidad de las sociedades, y en ello la música de los Beatles había sido un catalizador, y era entonces, en 1966, cuando se pudo escuchar allí una balada de los Beatles. ¿Se puede ir contra la historia, contra el devenir, de esa forma, es la pregunta?.

Esencia de La Habana sin tacones fueron sus encuentros con los habaneros con los que se topó. Con ellos “Todo estaba a flor de piel; parecía una gran necesidad que tuvieran de contarlo todo; de gritar a los cuatro vientos sus realidades”(p.66), “cada detalle, cada anécdota, era un mundo que se descubría ante mis ojos. Aquella leyenda de la isla y sus miserias; el dolor de tantos años de libertad perdida”(p.72). Se dio cuenta “el extremo al que han debido llegar esos seres humanos para medio sobrevivir”(p.63).

Pero hay más, María Elena Lavaud enumera las cosas que observó no hay en Cuba: “Tráfico. Libertad, gente caminando en las calles con bolsas lindas de propaganda de alguna tienda o comercio. Fiscales de tránsito. Publicidad en el periódico y en la televisión. Avisos publicitarios luminosos en las vías públicas. Colores nítidos en el ambiente. Quioscos de periódicos, revistas y golosinas. Carros nuevos. Carritos con hamburguesas o perros caliente. Panaderías. Moteles. Heladeros. Sosiego”(p90).

Y a la interrogante de si habrá cambios políticos a la vista, responde: “Por ahora el miedo es el muro de contención. Me aferro a esa tesis de la psicología que asegura que después del miedo contenido, irrumpe la acción. Eso me agobia menos que pensar que lo que vi pueda durar 10,20 o 30 años. O peor aun, que pueda trasladarse definitivamente y sin remedio hasta nuestra propia tierra”(p.8). De estos cambios hasta los propios cubanos con los que habló dudan que aquello pueda ser posible (p.203). Los desean, pero titubean de su posibilidad.

El miedo es una emoción tan real que cuando un escritor venezolano fue hace poco a La Habana indagando en torno al gran escritor Reynaldo Arenas(1943-1990) no encontró a nadie que pudiera darle algún testimonio sobre aquel gran escritor, cosa imposible. Debió ser por miedo, la misma angustia que conmovía al propio Reynaldo el día que, tras haber escapado en el barco Mariel, en los días que pasó en Caracas en 1980, que fue en el momento en que lo conocimos.

Ya lo admirábamos, gracias especialmente por su novela El mundo alucinante (1969), que tan hondamente lo ligó a nosotros pues uno de sus personajes es don Simón Rodríguez(1769-1854). Los originales de El mundo alucinante debieron ser sacados clandestinamente de Cuba para poder ser impresos en México. Fue lo mismo que sucedió a El doctor Zhivago del ruso Boris Pasternak, sacado escondidamente de aquel país por el editor Giangiacomo Feltrinelli(1926-1972).

Registrados estos hechos generales, escuchado de la propia pluma de su autora sus razones y sus por qués, debemos señalar que lo primero que resalta en La Habana sin tacones es el estilo en el está escrito y en la mirada de la periodista, es decir de la mujer, cuando fue allá como turista pero en ningún momento la abandonó, lo que era imposible en su caso, la mirada aguda de la mujer. Logró observar hechos, más que humanos, que se les pasan a los escritores varones, porque logra ver los sucesos, nimios y simples de la vida cotidiana y el sufrimiento grande que padecen los cubanos, los habaneros en el caso de este libro, bajo esta dictadura que les ha quitado todo, la libertad y la posibilidad de toda forma de desarrollo.

Se nos hizo presente a cada paso algo que se lee en una gran novela de quien debe ser el mayor escritor cubano vivo de hoy, él único que no está exilado sino que vive en su tierra, Leonardo Padura(1955), famoso en el mundo entero por sus novelas policiales. Sin embargo, se nacionalizó español, como forma, sospechamos, de poder entrar y el salir de la isla sin ser molestado, cosa siempre prohibida como bien María Elena Lavaud lo registra. Padura en su magna novela política, del 2009, El hombre que amaba los perros (9ª.ed.Barcelona: Tusquets,2011.765 p.), sobre la forma como se desplomó lo que él denomina la utopía del siglo XX: el socialismo y el comunismo. Hay un momento en que Padura define lo que María Elena Lavuad vio, un país, Cuba, en donde solo se dan “tristezas, alegrías, dudas y miedos”(p.573).

Al parecer, según nos ha informado el mayor de los lectores venezolanos de Padura, El hombre que amaba los perros circula en Cuba, se hizo allá una edición de 3000 ejemplares, lo que no nos dejó de llamar la atención porque este libro impar es también una grave requisitoria contra la revolución fidelista. Tal revolución, como María Elena Lavaud pudo ver, y así nos lo cuenta, ha llevado ese país al despeñadero. Puedo ver como la situación de su gente es desesperada. “Desesperada” fue la palabra que vino a nuestra mente y corazón cuando estuvimos allá en 1992. La misma que encontramos en el libro de Rafael Osio Cabrices: Salitre en el corazón (Caracas: Mondadori,2003.131 p.), en la película de Fina Torres, Havana Eva, y ahora en La Habana sin tacones, vocablo que si bien ella no lo usa particularmente, se puede deducir de su relato.

Algún día María Elena Lavaud, cuando caiga el comunismo allá, deberá volver a entrevistar a Padura, ver a Yoani Sánchez,¡imagínese el diálogo de maravilla entre ambas!, visitar a una de las grandes poetas de nuestro continente Fina García Marruz (1923), anciana avanzada ya, su esposo, grande intelectual también, Cintio Vittier (1921-2009), ya no está.

Nosotros tuvimos la emoción, una noche aquí en Caracas, en el Hilton, antes de la inundación, así llamamos al chavismo, que se inició aquí en 1999, de ver y saludar a estos dos viejitos admirables. Y en este futuro viaje deberá ella buscar en El Vedado la casa de la grande poeta Dulce María Loynaz(1902-1997) e ir y pararse, con la grande devoción que nosotros lo hicimos, ante la casa que está en Trocadero 162, en La Habana Vieja, donde residió el gran José Lezama Lima(1910-1977), aquel habanero pleno, perseguido, cuyo recuerdo tanta fuerza nos ha dado a quien persistimos en resistir contra lo aquí sucede.

Pero hay más, no se pueden pasar una tras otra las hojas de La Habana sin tacones sin recordar lo que vimos, sentimos y conversamos en el viaje que hicimos en 1992 a Santiago de Cuba y La Habana para leer una ponencia sobre Los viajeros de Indias de Francisco Herrera Luque(1927-1991) en el Festival de las Culturas del Caribe, desde luego no invitado por el gobierno cubano, cosa que no hubiéramos aceptado, sino pagando nuestro viaje por la grande generosidad de José Luis García, gerente de Pomaire, entonces editor de Pancho, desde luego, con la mano de la Negrita Herrera Luque metida en eso como siempre.

Comprobamos entonces, a semanas del 4 de Febrero del 1992, cuando no podíamos sospechar el mal que Cuba ha terminado haciendo a Venezuela, como éramos hermanos los cubanos y los venezolanos, como caribeños, ambos los somos, formamos una misma familia y hablamos el mismo idioma, no nos referimos a nuestra bella lengua castellana, eso es de perogrullo, sino a la comunidad de identidades, de afinidades, de afectos. Igual pasó a María Elena Lavud. Apenas llegamos los miembros de la delegación venezolana a aquella reunión, músicos, escritores y artistas, nuestra sacerdotisa de María Lionza, Beatriz Bentinane, con la que hicimos bella amistad en aquellos días, todos nosotros presididos por el maestro Simón Díaz.

Al llegar nosotros y acercarse ellos, muchos santiagueros, comenzó el diálogo, las confidencias sobre sus sufrimientos, como las que le hicieron a María Elena Lavud. Y en nuestro caso, comenzaron todos a mandarle,¡todos!, saludos a Oscar de León, pese a estar prohibida entonces su música allá, aunque nos bastó andar por las calles de La Habana para escucharla en todas las casas. Y escuchamos de ellos las mismas cosas que ahora leemos en La Habana sin tacones pues sin duda nada ha cambiando, aquel país está sentado en el pasado, en lo inerte, en lo que ya no es realidad. ¡Qué bien lo muestra nuestra admirada María Elena Lavaud!.

Debemos decir que tiene el bello y conmovedor libro de María Elena Lavaud otra arista para el conocimiento de su obra, nos demuestra que escribir libros productos de su trabajo como periodista es una nueva arista para su trabajo intelectual. De la aguda reportera que es no se bajó nunca al andar por las calles de La Habana, ello era imposible.

 (Leído en la sesión de Los Tertulieros se reúnen, en la sede la Fundación Francisco Herrera Luque, la tarde del Jueves 31 de Mayo de 2012).

 ROBERTO LOVERA DE SOLA | @CodigoVenezuela

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